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Qué hacer ante la presencia de humo de un incendio

La presencia de humo producto de un incendio, ya sea forestal, urbano o industrial, puede representar un riesgo serio para la salud, incluso a varios kilómetros del lugar donde se origina el siniestro. El humo contiene una combinación de gases tóxicos y partículas finas provenientes de la combustión de árboles, vegetación, plásticos y otros materiales, los cuales pueden afectar directamente el sistema respiratorio, los ojos y el sistema cardiovascular.

Uno de los principales riesgos del humo es su capacidad de ingresar fácilmente a los pulmones, agravando enfermedades preexistentes como asma, EPOC, problemas cardíacos y otras afecciones respiratorias. Por esta razón, ciertos grupos de la población —como niños y niñas, personas mayores, embarazadas y personas con enfermedades respiratorias crónicas— deben extremar las medidas de protección y evitar cualquier exposición directa.

Cuando hay presencia de humo en el entorno, la primera recomendación es permanecer al interior del hogar siempre que sea posible. Mantenerse bajo techo reduce significativamente la cantidad de partículas contaminantes que se inhalan. Para reforzar esta medida, es fundamental cerrar puertas y ventanas, evitando que el humo ingrese al interior del inmueble. Además, se recomienda sellar las rendijas inferiores de las puertas y otros espacios por donde pueda filtrarse el aire, utilizando paños húmedos.

Mientras se permanezca dentro de la vivienda, es importante no generar fuentes adicionales de combustión. Acciones como fumar, encender velas, inciensos o utilizar artefactos que produzcan humo pueden empeorar la calidad del aire interior y aumentar el riesgo para la salud. En caso de que el humo logre ingresar al hogar, cubrir la boca y la nariz con un paño húmedo puede ayudar a reducir la inhalación de partículas dañinas.

Otra recomendación clave es evitar realizar actividad física, especialmente al aire libre. El ejercicio aumenta la frecuencia respiratoria, lo que provoca una mayor entrada de contaminantes a los pulmones. Durante episodios de humo, lo más seguro es mantenerse en reposo y limitar los esfuerzos físicos.

Es fundamental también estar atentos a los síntomas de intoxicación por humo. Entre los más comunes se encuentran la tos persistente (con o sin mucosidad), irritación de garganta, dificultad para respirar, dolor de pecho, picazón o ardor en los ojos, dolor de cabeza, mareos y síntomas similares a una crisis asmática. Si una persona presenta alguno de estos signos, se debe acudir de inmediato a un centro de salud.

En situaciones donde las altas temperaturas hacen imposible permanecer dentro del hogar, se recomienda, en la medida de lo posible, trasladarse a zonas donde no exista presencia de humo. Finalmente, actuar con calma y seguir siempre las indicaciones entregadas por las autoridades y los equipos de emergencia es clave para reducir riesgos y proteger la salud propia y la de quienes nos rodean.

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